JULIO SOSA fue el mejor cantante de música popular de todos los tiempos. A la par de eso fue un decidor notable, un actor espectacular y un escritor de poemas sensacional. Su vida fue desde la más obscena pobreza hasta las luces del éxito y el reconocimiento. Era bueno, recio, amigo y muy sentimental. En el cénit de su fama perdió la vida. Empero sigue viviendo en cada melodía de aquí y del mundo entero. Y jamás se apagará su voz. Aquí intentaremos repasar su apasionante vida y obra.
SEIS AÑOS
ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ
Después de mucho tiempo, seis años más o menos,
ayer te vi de nuevo del brazo de tu amor,
y ésta pasión inmensa descontrolada y loca,
como un fantasma rojo mis sienes envolvió.
Felina y majestuosa con fría indiferencia,
tus bellos ojos grises, mordieron mi ansiedad,
en alas de tu paso tan pequeñito y suave,
espléndida y dichosa, con él te vi pasar.
Retrocedí seis años parado en la vereda,
me vi cantando un tango, aquel que nos unió,
en épocas lejanas de efímera grandeza
mi nombre en los carteles, y yo en tu corazón.
Tras el amargo ensueño, volví a montón de diarios,
tu engominado amigo me pidió La Razón,
se la entregué rogando que no me conocieras,
y te fuiste contento del brazo de tu amor.
Me adelanté unos pasos, con ansias de llamarte
mi pobre voz quebrada, fue un grito sin color
mis manos transpiraban, heladas por la angustia
crispadas de impotencia, como mi corazón.
Noté tras la vidriera del turbio bar cercano,
que un rostro me miraba, con cruel curiosidad
entonces tropezando, avergonzado y triste
me fui silbando un tango, para disimular...
SEIS AÑOS { El Tango que escribió }
Después de mucho tiempo, seis años más o menos,
ayer te vi de nuevo del brazo de tu amor,
y ésta pasión inmensa descontrolada y loca,
como un fantasma rojo mis sienes envolvió.
Felina y majestuosa con fría indiferencia,
tus bellos ojos grises, mordieron mi ansiedad,
en alas de tu paso tan pequeñito y suave,
espléndida y dichosa, con él te vi pasar.
Retrocedí seis años parado en la vereda,
me vi cantando un tango, aquel que nos unió,
en épocas lejanas de efímera grandeza
mi nombre en los carteles, y yo en tu corazón.
Tras el amargo ensueño, volví a montón de diarios,
tu engominado amigo me pidió La Razón,
se la entregué rogando que no me conocieras,
y te fuiste contento del brazo de tu amor.
Me adelanté unos pasos, con ansias de llamarte
mi pobre voz quebrada, fue un grito sin color
mis manos transpiraban, heladas por la angustia
crispadas de impotencia, como mi corazón.
Noté tras la vidriera del turbio bar cercano,
que un rostro me miraba, con cruel curiosidad
entonces tropezando, avergonzado y triste
me fui silbando un tango, para disimular...